La antidemocrática elección de directores en las escuelas y facultades de la UAS

La antidemocrática elección de directores en las escuelas y facultades de la UAS

La reforma “Cuenista” a la Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS); que el Congreso del Estado aprobó en el año 2007, además de eliminar las derrochadoras campañas a la rectoría, extendió la elección directa y centralizada a las direcciones de las Unidades Académicas (Escuelas y Facultades).

 

LA CÁTEDRA 

Por: Mario Kato

 

A mi juicio, eso fue un error democrático, claro no podemos exonerar de que detrás de dicho movimiento, haya toda una intencionalidad política, para dejar en unas solas manos, la imposición de directores, dando un giro radical al método de elección universal que existía antes de dicha reforma.

Me explico, antes del 2007, para elegir al director de una escuela o facultad, además cumplir con los requisitos de la convocatoria, como el tener cierta antigüedad o cierto tipo de plaza dentro de la Unidad que se pretendía dirigir, había tiempos de campaña al interior de la comunidad escolar, y la titularidad de la dirección, era por medio de la votación de estudiantes, docentes y empleados administrativos, es decir, todas aquellas personas que formaban parte de esa escuela o facultad, votaban para elegir a su directora o director.

Es cierto, que estos procesos afectaban las clases, y que en ellos había cierto derroche de recursos en las campañas, sobre todo en unidades grandes como la Facultad de Derecho, Medicina o la de Contabilidad y Administración; pero era más fácil regular las formas de hacer campaña, que quitar de tajo, la posibilidad democrática de elegir, directamente al dirigente de la unidad académica.

No es poca cosa lo que manejan las direcciones, existe por ejemplo, una partida de rectoría para gasto operativo, y acceso a fondos federales como el Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI) de la SEP, hablamos de miles de pesos en manos de una persona, cuyo destino y aplicación dependen de su criterio e intereses.

Pero más allá de lo económico, hablamos de toda una filosofía y forma de administrar la vida escolar, es la directora o director, quien decide si aplica con justicia los ascensos laborales, la carga académica y la contratación del personal administrativo sin base sindical, incluso el destino de los sindicalizados, es quien decide las pautas de convivencia, y sobre todo si es una administración rígida a la cerrazón del “deber ser” o abierta al diálogo con el estudiantado.

En resumen, la capacidad, vocación y personalidad de quien asuma la dirección de una Unidad Académica, influye directamente en la calidad de la vida escolar, tanto para docentes como para el alma y motor de las escuelas, los estudiantes, ¿Cuántas denuncias de “represión” o corrupción en las escuelas de la UAS no hemos visto en los últimos años?

Las comisión de elecciones está influenciada por los intereses de los grupos políticos de la UAS, el Consejo Universitario tiene años con una corriente hegemónica que decide, en un dedazo disfrazado quien sí y quien no, dirige las Unidades Académicas, eso sin mencionar la relación directa entre quienes hoy ocupan uno de estos cargos y su militancia política en el PAS.

Urge luchar por la democratización de las elecciones a directores, la calidad de la educación que reciben los universitarios también depende de ello, y todas merecemos la mejor educación posible, en una universidad que vive de recursos públicos y cuotas que el mismo estudiantado paga.

 

 

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